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Cómo dar una cena para seis

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Un plato que puedas cocinar con los ojos cerrados, una copa preparada en jarra, velas, una lista de música y la disciplina de sentarte. La cena que hace que la gente quiera volver.

La cena en casa es lo más generoso que un hombre puede hacer con un sábado y la única habilidad social que mejora todas las demás. También es fácil de estropear, casi siempre por ambición: cuatro platos, una receta nueva y un anfitrión que se pasa la noche en la cocina mientras sus invitados hablan entre ellos. La regla es sencilla. Cocina una cosa que hayas cocinado diez veces, deja todo lo demás hecho de antemano y quédate en la mesa.

El menú

Algo que se pueda hacer con antelación y terminar en el horno mientras sirves las copas: un guiso, un asado, un pescado grande al horno o una paletilla de cordero que lleve dentro desde las cuatro. Antes, algo sobre una tabla que no necesite plato: buen jamón, un queso, aceitunas, pan y rabanitos con mantequilla y sal. Después, queso y una tarta de una buena pastelería, o un postre que puedas hacer la víspera. Tres platos y solo uno cocinado. Nadie se ha ido nunca de una cena quejándose de que no hubiera un cuarto.

Las bebidas

Un cóctel preparado en jarra antes de que llegue nadie: un Negroni, un Martini guardado en el congelador o un Whisky Sour premezclado y agitado al momento. Después vino, dos botellas del mismo blanco y tres del mismo tinto para seis personas, elegidos con el plato y abiertos antes de que lleguen los invitados. Agua en la mesa sin que haya que pedirla. Café y una botella de algo oscuro después. Ese es todo el bar de la noche y cuesta menos que un plato en un restaurante.

Los invitados no se acuerdan de la comida. Se acuerdan de si el anfitrión estaba en la mesa. Cocina algo que te permita sentarte.

La mesa

Un mantel o la madera desnuda, servilletas de tela, las mismas copas para todos, velas a la altura de los ojos y el plafón apagado. Nada alto en el centro que tape la vista. Tarjetas con los nombres si los invitados no se conocen todos, separando a las parejas y sentando al tímido al lado del hablador. Seis es el número correcto: una sola conversación, no dos, y una mesa que cabe en una habitación normal.

Los tiempos

Cita a las siete y media, espera a la gente a las ocho y siéntate a las ocho y media. La tabla y la primera copa cubren esa hora. El plato principal entra en el horno cuando llega el primer invitado y sale cuando os sentáis. Queso a las diez, postre a y media y café a las once. Pon música desde un equipo de la habitación, no desde el altavoz de un móvil, a un volumen que deje hablar: jazz, soul o algo sin letras que reclamen atención, en una lista de cuatro horas hecha la víspera.

Los errores

Probar una receta nueva. No hacer la compra el día antes. Un anfitrión que se bebe la hora del aperitivo como si fuera un invitado. Levantarse durante el plato principal. Retirar platos mientras la gente habla. Preguntar por el trabajo. Terminar demasiado pronto; las buenas cenas son aquellas en las que nadie se da cuenta de que es la una de la mañana. Y no repetirlo el mes que viene, porque la segunda cena es más fácil que la primera y la sexta es cuando tu casa se convierte en aquella a la que la gente espera que la inviten.

Preguntas que nos hacéis

¿Y si alguien es vegetariano?

Pregúntalo al invitar y cocina algo que pueda comer como plato principal y no como añadido. Una fuente grande al horno de verduras, legumbres y queso da de comer a todos y no ofende a nadie.

¿Cuánto vino?

Media botella por persona más una de reserva, así que cinco para seis personas, además del cóctel. Si se acaba, has elegido bien a tus amigos.

¿Recojo durante la cena?

Retira entre platos, rápido, con una sola persona ayudando, y amontona en la cocina. No laves nada hasta que se haya ido el último invitado. Un anfitrión en el fregadero es un anfitrión que se ha ido de la fiesta.