Salir el jueves por la noche, volver el lunes por la mañana y cuatro ciudades donde tres días parecen una semana. Lisboa, Copenhague, Viena y Palermo, con el hotel, la mesa y el paseo.
El fin de semana largo es la unidad de viaje más eficiente que tiene un hombre que trabaja: un día de vacaciones, cuatro noches fuera y un cambio de escenario completo. El truco está en elegir una ciudad que premie tres días en lugar de exigir siete, y en estructurar los días para volver descansado y no como si hubieras hecho un segundo trabajo. Cuatro ciudades lo hacen mejor que la mayoría.
La estructura
Vuela el jueves por la tarde, directo al hotel, una copa en el bar y a la cama. El viernes es para caminar sin plan: el casco antiguo, un mercado, una comida larga, una siesta y la cena en el sitio que reservaste hace un mes. El sábado es para eso por lo que viniste, un museo, una ruta en coche, un baño, y después el mejor restaurante del viaje. El domingo es lento: desayuno tarde, un parque, un baño y una cena temprana. Vuela de vuelta el lunes a las siete de la mañana y estarás en tu mesa a las diez, o el domingo por la tarde si no queda otra.
Lisboa
Alójate en Chiado o en Príncipe Real, en un hotel pequeño con terraza. Baja al río el viernes, coge el tranvía a Belém el sábado por la mañana y el tren a Cascais para bañarte por la tarde, y come pescado a la parrilla en un sitio con mantel de papel el domingo. La luz de octubre es la mejor de Europa.
Tres días en una ciudad bastan para enamorarse y no llegan para cansarse. Esa es la duración ideal de un romance con un lugar.
Copenhague
Alójate en el centro y alquila una bicicleta el viernes por la mañana; la ciudad está hecha para eso. El museo Louisiana el sábado, a una hora por la costa en tren, con comida en la terraza mirando a Suecia. La cena es el motivo por el que mucha gente viene; reserva una mesa seria y el resto del tiempo come smørrebrød y cerveza. Báñate en el puerto si es junio. Ponte abrigo si no.
Viena
Alójate cerca del Ring, en un hotel con un desayuno en condiciones. El Kunsthistorisches el viernes por la tarde y después un café donde nadie te meta prisa. El sábado es para el Bosque de Viena o para los Heurigen de Grinzing, jardines de vino al borde de la ciudad donde la cena es un plato de cosas frías y una jarra de la añada nueva. El domingo por la mañana, un concierto; por la tarde, un paseo por el Prater.
Palermo
La apuesta arriesgada. Alójate en un hotel palacio de la Kalsa y acepta que la ciudad es ruidosa, caótica y magnífica. El viernes son los mercados, Ballarò y el Capo, y una comida callejera que recordarás durante años. El sábado, un chófer a Monreale y la costa en Mondello. El domingo, la Capilla Palatina temprano, antes de los autocares, y una comida larga de gambas rojas crudas con una botella de blanco del Etna. Vuelve a casa cambiado.
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Lista de EquipajeUna bolsa, hecha en veinte minutosPreguntas que nos hacéis
¿Qué temporada?
Octubre y mayo para Lisboa y Palermo, junio y septiembre para Copenhague y diciembre y mayo para Viena. Evita agosto en todas partes menos en Copenhague.
¿Hotel o apartamento?
Hotel, para tres noches. El bar, el desayuno y el conserje son la gracia, y un apartamento es una tarea para una estancia tan corta.
¿Cuánto debería presupuestar?
En torno a 1.200 a 2.000 euros por persona entre vuelos, un buen hotel y comida, según la ciudad y tu apetito. Palermo es la más barata y Copenhague la más cara.



