Cuidado · Afeitado

El argumento a favor del afeitado clásico

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Una maquinilla de seguridad, una brocha de tejón, un bol de jabón y diez minutos que no son de nadie más. El mejor afeitado que puede tener un hombre cuesta menos que un recambio de cartuchos.

En algún momento de los años setenta, la industria del afeitado descubrió que podía venderle a un hombre un mango de plástico por nada y después cobrarle 30 euros por un paquete de recambios el resto de su vida. El cartucho de cinco hojas es un triunfo del marketing y una manera mediocre de afeitarse: tira, se atasca, corta el pelo por debajo de la piel y provoca los pelos encarnados para los que después te vende cremas. La alternativa tiene cien años, cuesta diez céntimos la hoja y afeita mejor. Se aprende en una semana.

El equipo

Una maquinilla de seguridad de doble filo: Merkur 34C, Mühle R89 o Edwin Jagger DE89, de unos 40 a 60 euros, y dura toda la vida. Cien hojas por 15 euros; prueba un surtido, porque las hojas varían y tu cara tendrá su opinión. Una brocha de tejón o una buena sintética, de 30 a 80 euros. Un jabón de afeitar duro o una crema en tarro, de 10 a 25 euros y seis meses de afeitados. Una piedra de alumbre para después y un bálsamo en condiciones. Total para un equipo de por vida: más o menos lo que cuesta un año de cartuchos.

La preparación

Aféitate después de la ducha, o ponte una toalla caliente en la cara un minuto. La barba templada y mojada es barba blanda. Empapa la brocha en agua caliente, cárgala en el jabón veinte segundos y monta la espuma en un bol o en la propia cara, añadiendo gotas de agua hasta que brille y forme picos. Una espuma fina y húmeda corta mejor que una espuma espesa. Extiéndela en círculos durante un minuto; la brocha levanta el pelo y exfolia.

La maquinilla de cartucho se inventó para venderse. La de seguridad se inventó para afeitar. La diferencia se ve en tu cara a las once de la mañana.

Las tres pasadas

Sin presión. El peso de la maquinilla hace el trabajo, sujeta a unos treinta grados de la piel y con trazos cortos. Primera pasada a favor del pelo, en la dirección en la que crece. Vuelve a enjabonar. Segunda pasada en diagonal, a noventa grados. Vuelve a enjabonar. Tercera pasada, si te apetece y tu piel lo permite, a contrapelo, muy suave y solo en las mejillas. Estira la piel con la mano libre donde esté floja, bajo la mandíbula y en el cuello. Enjuaga la maquinilla cada pocos trazos. Todo el proceso lleva ocho minutos cuando ya tienes práctica.

Después

Agua fría para cerrar los poros. La piedra de alumbre, mojada, por toda la cara; escuece diez segundos y te dice dónde apretaste de más. Sécate a toquecitos. Un bálsamo sin alcohol. Nada de loción con alcohol salvo que disfrutes de la escena de la película.

La curva de aprendizaje

Te harás algún corte la primera semana, normalmente en la barbilla y bajo la nariz, y normalmente por apretar. Un lápiz hemostático lo corta en segundos. En la segunda semana el ángulo sale solo. En la tercera notarás que esa irritación que dabas por hecho que era tu tipo de piel ha desaparecido, y que el afeitado aguanta hasta la noche. Y entonces te preguntarás por qué te pasaste veinte años comprando plástico.

Preguntas que nos hacéis

¿Maquinilla de seguridad o navaja?

Maquinilla de seguridad. La navaja es un objeto precioso y una afición que exige asentar, afilar y tener buen pulso a las siete de la mañana. Aprende primero la de seguridad; el noventa y cinco por ciento de los hombres se quedan ahí, encantados.

¿Cada cuánto cambio la hoja?

Cada cinco o siete afeitados, o en cuanto tire. A diez céntimos la hoja no hay motivo para ahorrar.

¿Y la eléctrica?

Para un hombre que se afeita en un coche o en el baño de un hotel sin tiempo, una buena afeitadora de láminas es la respuesta práctica. No es un afeitado apurado y no pretende serlo.